El amor engorda.

Has empezado a salir con un chico, vigilas tu dieta para
que él te vea estupenda, quemas calorías dentro del dormitorio y, aunque no te
des cuenta, tu cuerpo segrega adrenalina que suprime el apetito. ¿El resultado?
Adelgazar. Perfecto, pero... no te engañes. Resulta que en cuanto la relación
se estabiliza un poco y los meses pasan, los kilos que has perdido aparecen
como por arte de magia. Es entonces cuando el amor engorda.
Según un estudio de la Universidad americana de Carolina del
Norte, las mujeres jóvenes (entre los 17 y los 22 años) que tienen pareja
engordan más que las solteras. Y cuanto más fuerte es el vínculo, más probable
es que la báscula vaya al alza. De hecho, según dicho estudio, las chicas que
conviven con sus novios suelen ganar un kilo y medio más que las que no lo
hacen, y ¡ojo! que en las casadas la cifra puede llegar hasta los 4 kilos y
pico. ¿Exagerado? Tal vez, pero por muy increíble que resulte, hay argumentos
muy lógicos que explican este fenómeno. Te los contamos.
Razones de mucho peso.

PD: Es probable que cuanto menos te preocupes
por tu aspecto, menos te gustes y menos sexy te sientas en la cama. Fuente: http://www.cosmohispano.com/amor-y-sexo/pareja/articulo/el-amor-engorda
En la etapa inicial de
enamoramiento absoluto, lo habitual es que tu chico y tú vayan a un
restaurante o en un bar para platicar mejor.
Una cena, un almuerzo, un desayuno... Da igual, el caso es
que siempre hay comida alrededor. Según el eminente nutricionista Brian
Wansink, autor del libro Mindless Eating, cuando se come acompañado siempre se
ingiere un 35% más de lo habitual.
Si, además, el chico en cuestión te tiene absolutamente
embobada, pedirás un postre o una docena con tal de prolongar la velada. ¿Un
volcán de chocolate que tardan 15 minutos en servir? ¡Genial! Hasta aquí la
cosa es evidente y seguro que más de una vez has caído en la trampa, ¿verdad?
Pues hay más. En el intento de mimetizarte con tu hombre incluso te pides cosas
que siempre has rechazado o que ni siquiera te gustan. ¿Un bocadillo de
calamares? ¿Por qué no?
Y como no sólo de comida engorda la mujer enamorada, estarás
tan encantada con el encuentro que pedirás una botella de vino. ¿El problema?
Que el alcohol aporta muchas calorías, desinhibe y, en consecuencia, te relajas
y comerás lo que te echen, mientras te olvidas de la báscula y tu Pepito
Grillo te susurra: Total, un día es un día. No, no te rías, porque a todo esto
hay que sumarle que más de un día te saltas tu clase de spinning de las 9 de la
mañana con tal de estar una hora más haciendo posturitas entre las sábanas. O,
por ejemplo, para relajarte después de un día duro eliges la opción tele, sofá,
tu media naranja y... ¡una pizza tamaño familiar!¡ luego dices que si el amor engorda
! ¿Cierto?
Por desgracia todo esto es una artimaña del subconsciente
porque, según los expertos, después de seis meses, más o menos, el cerebro
segrega una sustancia, la oxitocina, que es la que te empuja a propiciar
comportamientos más afectivos con los que fortalecer el vínculo y, por esas
cosas de la vida, uno de los hábitos amorosos es pedir y compartir la comida.
Muy bonito y romántico, pero lo cierto es que esa actitud
puede acabar afectando (para mal) a tu relación de pareja. Tal vez creas que no
pasa nada por subir un par de kilos, porque estás megaconvencida de que tu
chico está tan enamorado de ti que te querrá por lo que eres y no por la
pronunciación de tus curvas (las de estilo mujer Botero, no las de Marilyn). No
te engañes.
Él es un hombre y siempre lo será y pensará que si sigues
por esa línea acabarás descuidándote y pareciéndote cada vez menos a la mujer
de la que se enamoró. El amor engorda sí, ¡ahora ya lo sabes!





